EL ESTRÉS EN LOS PERROS.

¿Qué es el estrés? Es la respuesta de un organismo a una demanda que le obliga a cambiar o adaptarse. La manera en la que un perro responde a estas demandas, dará como resultado una conducta. Cualquier estímulo que reciba provocará estrés y este, es el que determina que un organismo se adapte. Si el nivel de estrés sube en proporción a la exigencia del entorno y se mantiene dentro de unos límites adecuados a la capacidad de gestión del individuo, diferente para cada uno, nos permitirá ser más competentes en la tarea que vayamos a realizar. El problema llega cuando estos niveles se presentan muy por encima de esta capacidad de gestión, conocido como estrés agudo; o cuando se mantienen elevados durante demasiado tiempo, llamado estrés crónico.

Síntomas y manifestaciones.

Cuando el nivel de estrés sube, se activa el sistema nervioso simpático para que el organismo se prepare para la acción, esto genera:

  • Mayor aporte sanguíneo a los músculos, permitiendo que lleguen más nutrientes y oxígeno. Se lleva a cabo aumentando la frecuencia cardíaca y respirando de manera más rápida y profunda.
  • Mayor concentración de endorfinas en sangre: adrenalina, noradrenalina, cortisol, dopamina, etc.
  • Mayor concentración de glóbulos rojos en sangre para poder transportar más oxígeno. La sangre se hace más densa y supone un peor aporte sanguíneo a zonas periféricas, por ejemplo, al cerebro.
  • Paralización de las funciones metabólicas, como la digestión y el aporte de nutrientes a la piel.

El animal dará algunas señales que en la mayoría de los casos, el ser humano desconoce. Es importante reconocerlas para detectar el nivel de estrés que sufre:

  •  Se relamen.
  •  Se sacuden.
  •  Bostezan.
  •  Se rascan constantemente.
  •  Gruñen y muestran los dientes.
  •  Dilatación de las pupilas.
  •  Jadeo.
  •  Exceso de señales de calma.

A nivel de salud, el perro puede sufrir:

  •  Dolores en diferentes zonas del cuerpo, con espasmos musculares.
  •  Aparición de enfermedades.
  •  Escozor frecuente e intenso.
  •  Diversas alergias.
  •  Ataques de pánico repentinos.
  •  Ansiedad.
  •  Frustración e irritabilidad.
  •  Intolerancia gástrica (vómitos y/o diarrea); falta de apetito.
  •  Poliuria (orinar muy a menudo).
  •  Caspa.
  •  Hongos
  •  Dermatitis; caída de pelo.

Cuando el nivel de estrés sube, se aprecia el entorno como más amenazante, perdemos capacidad de concentración y por tanto, de aprendizaje, esto se debe tener en cuenta si queremos hacer cualquier tipo de adiestramiento. Cuando el proceso de pensamiento se encuentra inhibido, entra en juego el mecanismo contrario, la reacción de emergencia. Por lo tanto, el animal intenta salir de esta situación mediante un sistema reflejo que procede de uno de sus instintos básicos, que llevado al extremo, es la supervivencia. La pregunta en ese momento es, ¿Huyo o ataco?

Las situaciones de estrés agudo lo ponen en la disyuntiva de huir, atacar o mantener una ansiedad permanente.

Cuando el estrés se hace crónico, los umbrales de agresividad y miedo disminuyen, con lo cual, estas dos reacciones se desarrollarán más fácilmente y ante estímulos cada vez menos predecibles. También se puede dar debido a ese estrés crónico, la indefensión aprendida. Esto puede ocurrir, por ejemplo, a causa de castigos inconsistentes en los que el perro no sabe ni entiende el por qué del mismo, ni cómo dar salida a esa situación, por lo que el perro aprende que por mucho que intente salir de ella, no va a tener éxito, ya que no tiene ningún control. Se abandona y entra en un bloqueo que desemboca en un estado de letargo y depresión.

Todo esto puede suponer una sensación de ansiedad generalizada, ya que el coste biológico del mecanismo de emergencia no puede ser satisfecho. Se utilizan otros recursos destinados a otras funciones orgánicas, y esto compromete el crecimiento, el sistema inmunológico, la capacidad de aprendizaje y la memoria, así como, la capacidad de responder al dolor y el ciclo de sueño-vigilia.

Cómo evitarlo, tratarlo y educar a los propietarios en el tema.

Para evitarlo, hay que saber identificar las razones que causan estrés en el perro:

  •  Las amenazas.
  •  La violencia física o verbal.
  •  Las correcciones de la correa.
  •  Exceso de exigencia.
  •  Exceso de ejercicio.
  •  Defecto de ejercicio
  •  Necesidades físicas: hambre, sed, calor, frío, etc.
  •  Dolor.
  •  Excesivo ruido.
  •  Soledad.
  •  Exceso de excitabilidad.
  •  Falta de descanso.
  •  Cambios repentinos y frecuentes.

Cuando el estrés ya está presente y es agudo o crónico, debemos tratarlo. Es necesario reducir los niveles de estrés, para lo que necesitaremos identificar las situaciones que le provocan ese estado. Debemos tener un control de los estímulos estresantes, para que el perro vuelva a un estado de concentración. Cuando se elimina el estímulo estresante, la inhibición de las funciones cognitivas no desaparecen al instante, por eso es necesario darle al perro un “periodo de calma”, esto significa darle el tiempo necesario para superar su ansiedad liberándolo de todos los estímulos que provocaban su problema conductual.

Por otro lado, el objetivo es devolver el equilibrio al organismo, esto depende de en qué manera se ha visto afectado este y de su gravedad. Los métodos a seguir son:

  • Adiestramiento: pautas de modificación de conducta, cambiar entornos y rutinas, en el que se incluye la implicación directa del propietario, abandonar las técnicas de adiestramiento basadas en la violencia y el castigo, usar las señales de calma, adecuar el nivel de ejercicio y estimulación mental e integrarle socialmente.
  • Alimentación: dieta sana y equilibrada de calidad.
  • Fármacos: medicación basada en restituir los elementos químicos que se han desequilibrado o destruido en el sistema nervioso central y endocrino.

Existen programas de adiestramiento para casos más específicos:

  • Programa desensibilización y contracondicionamiento: es aconsejable en perros con agresividad. No se les debe irritar durante este tiempo o exponerlos al estímulo que provoca la conducta agresiva.
  • Programa de usencia fuera de casa: se utiliza en casos de ansiedad por separación. No se les debe dejar solos durante mucho tiempo.
  • Programa de desensibilización sistemática: para perros con miedo o fobia a los ruidos. No deben ser expuestos a ruidos fuertes.

Para finalizar, haré una puntualización personal basada en una opinión propia.

“La responsabilidad para evitar que estas situaciones de estrés sean extremas, con sus fatales consecuencias, es tanto de los dueños como de los cuidadores. Lo que pueden hacer por su parte es interesarse y aprender de las señales que nos pueden dar nuestros mejores amigos en estas circunstancias que les aquejan y poniendo remedio lo antes posible, por su bienestar y para salvaguardar su integridad”.

 

MIGUEL ÁNGEL SALAFRANCA TRILLO.

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